«Pensar (cosas en) el tianguis»

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«Pensar (cosas en) el tianguis» es una expresión coloquial que captura la esencia de estos mercados tradicionales como espacios de encuentro, reflexión y descubrimiento. Más allá de su función comercial, los tianguis de la Ciudad de México son escenarios vivos donde confluyen historias, sabores y saberes populares, invitando a un ejercicio contemplativo entre el bullicio de puestos coloridos, el aroma de comida callejera y el ritmo pausado del regateo. Esta experiencia sensorial y social transforma el simple acto de comprar en una oportunidad para observar, conversar y -como bien dice el dicho- ir a pensar cosas, ya sea sobre la diversidad cultural, la economía informal o la memoria colectiva que se teje entre puestos de fritangas, ropa usada y hierbas medicinales.

Con este mapa, te invito a que lo explores, y descubras en dónde y qué día quieres «Pensar (cosas en) el tianguis»

Mapa «Pensar (cosas en) el tianguis»

El tianguis es una tradición muy arraigada en la cultura mexicana. En la época prehispánica el comercio no era la única actividad en los tianguis, éstos también eran espacios públicos de reunión donde se contaban noticias, e incluso se acordaban alianzas políticas. Eran centros de convivencia e intercambio muy bien organizados.

Poco a poco el tianguis comenzó una evolución y mestizaje sin perder nunca su más preciada cualidad, la espontaneidad. La principal característica de los tianguis es que se ubican de manera semifija entre calles y en ciertos días designados por los usos y costumbres de cada población. Los tianguis siguen siendo mercados llenos de colorido y bullicio, puestos cubiertos por lonas multicolores que ofrecen todo tipo de mercancías: ropa, calzado, hierbas para todo, utensilios, alimentos, frutas y verduras, carnes y lácteos y, por supuesto, antojitos mexicanos de todo tipo y curiosidades que asombran, haciéndonos comprar lo que no teníamos en mente.

Es un espacio en donde suceden relaciones sociales, culturales, comerciales y geográficas bastante ricas y sumamente complejas que se establecen en torno a él. Una tensa calma cubre las cuadras que durante varias horas transforman el espacio. En el tianguis se camina, se compra, se vende, se come, se habita, se generan interacciones, se reconfiguran espacios y se forjan vínculos afectivos.

¿De quién es la ciudad?

¿Cómo los tianguis desafían las ideas de propiedad y uso del espacio público?

¿Cómo moldean los tianguis la identidad cultural de los barrios que ocupan?

¿Los tianguis son espacios democráticos donde cualquiera puede emprender, o tienen sus propias jerarquías y exclusiones?

¿Qué pierde una ciudad cuando “moderniza” sus calles y desaparecen los tianguis?

¿Cómo equilibramos la regulación urbana con la vitalidad cultural que generan estos espacios?

Un día a la semana la calle se transforma, es el tiempo urbano en el que el espacio público se reconfigura brevemente a partir de la organización de mercaderes y mercantes. La calle cobra momentáneamente un sentido nuevo que refuerza su sentido público, convirtiéndose en el punto de convergencia comunitario, abierto a intercambios, pero sobre todo a nivel barrial, desde una perspectiva que refuerza el derecho a la ciudad (Carrión, 2019) y comienza a coquetear con la idea de la ciudad de los cuidados desde una lógica más local de convivir, que se esfuma al concluir la jornada y se retorna la ciudad funcional regida por la velocidad, el consumo y la producción del día a día (Comas, 2017).

Durante parte de un día, la calle se transforma para dar paso al tianguis, para ser punto de intercambio y de encuentros en un pedazo de ciudad. Sin embargo, existen tensiones. Quienes habitan esas cuadras coexisten semana con semana con la imposibilidad de utilizar sus cocheras; camiones que abastecen los puestos son estacionados en las inmediaciones del punto. las calles aledañas se vuelven calles compartidas por la abundancia de peatones que transitan con sus compras. Es una negociación de habitantes y comerciantes para establecer horas y rutas de salida para convivir en tensa armonía.

El conflicto entre habitantes y comerciantes pareciera estar resuelto con una especie de acuerdo no dicho, donde vecinas y vecinos saben que, de utilizar su automóvil al día siguiente, deben tenerlo en cuenta un día antes y sacarlo a estacionar en las calles circundantes, sin embargo, este ejercicio de transformación pone en evidencia la clara desigualdad espacial que vivimos las personas con respecto de los automóviles, y esto se refleja en aquellos quienes son más vulnerables en el espacio (Gülgönen, 2016).

A pesar de ser un espacio abierto, el tendido de toldos y lonas crea un ambiente interno de resguardo, que te separa del resto del espacio, la luz entra con tonos rosados y verduzcos que te hace saber que entras en un lugar único, de compra, de comida, de olores, colores y sabores para disfrutar como paseante. A veces las lonas son bajas y no las logra sortear algún despistado que alcanza a chocar con ellas, sin embargo, semana con semana las alturas son las mismas y el ambiente cerrado se mantiene, pareciera que existe un código tácito donde semana tras semana cada puesto, cada cuerda, cada altura es colocada con un margen de diferencia mínima, reproduciendo con una exactitud milimétrica el tendido de puestos y comercios ayudando a crear un sentido de reconocimiento entre marchantes y comerciantes. Pero también responde a una organización entre la disputa por el espacio, cada centímetro cuenta a la hora de exponer los productos y mercancías.

Sin bien, los tianguis nacieron con una configuración en esencia espontáneos, en la actualidad, la realidad es que ya no lo son tanto, es decir, semana con semana sabemos que espacio ocuparán, qué puesto va seguido de cual. Ya existe una organización propia, que bien o mal, ha convivido en una tensa calma con los habitantes del tramo donde se coloca, logrando una relación sin aparente conflicto. Sin duda alguna, las propuestas de mejora que expongo pueden traer una mayor satisfacción para todas las personas quienes de una u otra forma confluimos en el espacio y contribuir a consolidar un modelo de ciudad que se enfoque en el cuidado, poniendo al centro a las personas sobre los automóviles, reivindicando nuestro derecho a la ciudad, sin embargo, como dice Lahire, ninguna descripción no es exhaustiva o definitiva, por lo que toca entender otras miradas cruzadas desde otros ángulos y vivencias (Lahire, 2006).

El tianguis: transformación efímera del espacio público

Si tienes algún comentario sobre algún tianguis da click aquí para hacérmelo llegar.

Agradecimiento especial a José María González @chemagos por la sugerencia del nombre.

Realización del video Alejandra Martínez, Andrés Garibay, Hugo Díaz, Jaime Durón y Jerónimo Monroy.

Bibliografía

  • Comas, Dolors (2017) “Cuidados, género y ciudad en la gestión de la vida cotidiana” en La erosión del espacio público en la ciudad neoliberal (coord.) Patricia Ramírez Kuri. México: UNAM-IIS: Facultad de Arquitectura, págs. 59-90.
  • Carrión, F. y M. Dammert-Guardia (2019) “El derecho a la ciudad: una aproximación” En Derecho a la Ciudad: una evocación de las transformaciones urbanas en América Latina, editado por Fernando Carrión y Manuel Dammert. Lima: IFEA, CLACSO, FLACSO. Pp. 9 a 24.
  • Gülgönen, Tuline (2016) “Espacio urbano, ciudadanía e infancia: apuntes para pensar la integración de los niños en la ciudad” en La reinvención del espacio público en la ciudad fragmentada (coord.) Patricia Ramírez Kuri, México: IIS-UNAM: Programa de Maestría y Doctorado en Urbanismo, págs. 409-430.
  • Lahire, Bernard (2006) “Describir la realidad social” en El espíritu sociológico. Ed. Manantial, Buenos Aires. Pág. 31-40.

Este mapa se construyó gracias a la información de Datos Abiertos CDMX.

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